Si el escritor Delibes me enseñó a mirar, el cómico Fernán-Gómez, a escuchar.
Durante unos cuantos años tuve el privilegio de estar cerca de él y escucharle.
Escucharle, entre otras, la historia de Fernanda López, "la rubia", su bisabuela, de la que heredó el color de pelo y que era de Valdelaguna, un pueblo al lado de Chinchón, el mío. Y de Carolina Gómez, costurera, la abuela que cuidó de su infancia como Natividad López, sus labores, cuidó de la mía.
Intercambiamos y compartimos coincidencias en otras tantas historias.
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Si el escritor Delibes me enseñó a mirar, el cómico Fernán-Gómez, a escuchar.
Durante unos cuantos años tuve el privilegio de estar cerca de él y escucharle.
Escucharle, entre otras, la historia de Fernanda López, "la rubia", su bisabuela, de la que heredó el color de pelo y que era de Valdelaguna, un pueblo al lado de Chinchón, el mío. Y de Carolina Gómez, costurera, la abuela que cuidó de su infancia como Natividad López, sus labores, cuidó de la mía.
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Historias de supervivencia, de ausencias, miedos, esperanzas, sueños: de libertad, de "llegar a ser alguien", de ser ¿por qué no? Jackie Cooper, "el de La isla del tesoro", y también "escritor de novelas de Salgari".
Firme, orgullosamente resuelta en su melancolía, sonaba la voz de Fernando al recordar aquellos tiempos, al recordarse.
Ecos de Baroja, Galdós, Barea... merodeaban por aquella memoria.
También, a través de la de Fernando, se me antojaban las voces de su abuela y de la mía, la lejana de Carola, su madre, la de María, la criada analfabeta aficionada a la poesía, la de Florentina y el "joder que piernas" de su novio.
La voz del niño soñador, la del meritorio con su puñadito de castañas pilongas en el bolsillo, la del joven enamorado y con prisa, con mucha prisa...
Voces en una sola voz.
Confío en que me escuchéis con la misma o parecida emoción con la que yo le escuchaba a él
el nieto de la costurera
el hijo de la cómica.
José Sacristán